Castigados sin recreo

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Llevo unos días preocupada por la cantidad de mensajes y testimonios en las que padres y madres se quejan porque sus hijos llegan a casa y les cuentan que han sido castigados sin recreo.

Las razones son increíbles: no han terminado las fichas en clase, han hablado, no han guardado la fila, no han llevado el material de alguna asignatura o no han hecho los deberes. ¿De verdad?

Parece que castigar sin recreo, igual que mandar al niño a una clase de los más pequeños sigue siendo una práctica extendida en las escuelas españolas en cualquier tramo de edad.

Veamos, los niños necesitan moverse, necesitan hablar y necesitan jugar. Lo necesitan tanto que muchas veces son incapaces de no hacerlo en las aulas donde se les pretende obligar a aprender de manera silenciosa, pasiva y aburrida. Lo necesitan para su salud física y mental, lo necesitan porque si no se despejan no van a poder luego concentrarse ni mucho menos aprender. La energía que llevan dentro la tienen que sacar y si les privan de esa escasa media hora de patio no se les enseña nada, se les daña. Es un castigo injusto y es un castigo perjudicial.

Y no es que se castigue a un niño sino que también se practica el castigo colectivo en el que se penaliza a todo el grupo sin su media hora de descanso y juego si no cumplen las normas o han alborotado en exceso y aquí pagan justos por pecadores, institucionalizando la injusticia y dañando a todo el grupo con una actitud que supone un ejercicio de la autoridad que, sin dudar, calificaría de sacado de las mejores técnicas de los fascistas.

El niño tiene derecho a jugar, a moverse y a tiempo de ocio. Nadie tiene derecho a privarle de ello. Y no les enseña nada.

 

O mejor, rectifico, como me apunta Carolina Ledesma: “Yo creo que sí les enseña cosas, muchas. Las de siempre: a callar, a obedecer, a someterse, a doblegarse, a resignarse, a engendrar rencor y resentimiento, a anular su propia voluntad, a ejercer la ley del más fuerte, a penalizar el error, a odiar la escuela y el aprendizaje, y un largo etcétera. Ninguna buena, claro.”

Si quieres saber como manejar estas situaciones, como padre, madre o maestro, te vamos a ayudar con una nueva perspectiva. ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long

LGTB

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Los adolescentes LGTB sufren situaciones de acoso escolar en mayor medida que otros niños y, en algunos casos, a eso se va a unir la incomprensión y hasta el rechazo de sus familias o de la sociedad. Esto produce un intenso sufrimiento precisamente cuando mayor apoyo y comprensión necesitan ya que en la adolescencia todos nos enfrentamos a la necesidad de conocernos y ser aceptados.

La familia debería ser, sin duda, el primer espacio donde el niño se sintiera aceptado sin juicios y apoyado plenamente, pues, aunque nuestra sociedad cada vez sea menos homofóbica, la realidad del entorno juvenil no lo es. La escuela tiene un papel importantísmo en esta faceta, pues puede cubrir carencias del entorno social y familiar, o puede reforzar el aislamiento y la represión.

Una de las mejores maneras de educar en la aceptación propia y externa de las personas no heterosexuales es ofrecerles a los adolescentes modelos con los que identificarse. Estos modelos deben ser valiosos independientemente de su orientación sexual, reforzando la idea de que la orientación no define a la persona, huyendo de estereotipos, y también, a la vez, ser modelos que permitan a los adolescentes LGTB idenficarse con personajes históricos o imaginarios que manifiesten claramente una orientación no heterosexual.

Hay muchos personajes que han servido para normalizar y visibilizar a las personas homosexuales y bisexuales y hoy quiero hablaros de ellos, pues, de manera transversal, su presentación puede servir para que los adolescentes se sientan cómodos y puedan expresarse sin temores.

Personalmente adoro al Capitan Jack Harkness y también al actor que lo representa, John Barrowman. Jack es bisexual, o mejor, dicho, pansexual (le gustan también los extraterrestres atractivos), abiertamente seductor, guapo, simpatico y sobre todo, es un héroe clásico. Sin estereotipos sobre lo que se suele presentar como un personaje no heterosexual, abierto en sus relaciones y muy consciente de su atractivo y masculinidad y sobre todo, un ser humano excepcional con el que cualquiera puede identificarse. Un héroe LGTB.

En las series icónicas donde lo encontramos, Doctor Who y Torchwood no es el único personaje, además, que no es heterosexual. La doctora River Song, mujer madura, muy agresiva sexualmente, casada con un Doctor de apariencia juvenil, deja clara su bisexualidad en varias ocasiones. También tenemos a Madame Vastra y Jeny, dos hembras casadas (y digo hembras porque una de ellas no es humana sino reptiliana). La sexualidad de los personajes no les define, es simplemente un aspecto más de su vida perfectamente normal y así se muestra, sin determinarlos ni limitarlos, que es lo que debemos ayudar a que todos los niños entiendan.

¿Nos contáis que otros personajes históricos y literarios podemos proponer como modelos de normalización para los adolescentes sobre la vida y la orientación sexual no heterosexual?

Mireia Long

En el curso de la Pedagogía Blanca te daremos ideas y recursos para introducir temas de valores de libertad y respeto de manera que conecten con tus hijos y alumnos, acercándolos de manera interesante. ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

La importancia de observar y acompañar

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Como sabrás ya nuestra Pedagogía Blanca abre sus puertas. En este programa se incluyen preguntas y respuestas en sesiones online con Mireia y Azucena. Este es un pequeño ejemplo de lo que tratamos en ellas.


María Jesús preguntó:

“Mi hijo mayor siempre ha mostrado, desde pequeño, pasión por muchas cosas que siempre le fomentamos y le apoyamos, y ahora está muy contento y centrado haciendo la carrera que le gusta y siguiendo con el resto de actividades que le gustan. El pequeño nunca ha mostrado un interés especial en casi nada, cuando lo mostraba era siguiendo la estela de su hermano, y enseguida lo dejaba. Ahora no muestra interés por nada especial, está en una etapa bastante apática, y no sé cómo ayudarle a encontrar sus pasiones. ¿Podéis dar algunas claves para ayudar a esos niños que están un poco perdidos para encontrar sus pasiones?”.

Y Azucena respondió:

Lo primero es que aunque no veas que realiza alguna actividad, no pienses que no tiene intereses. ¿Habla de algo? ¿Le encanta un videojuego, un programa de la televisión? ¿Hay algo que le guste? ¿Le gustaría poder hacer actividades en torno a ello? ¿Montar un campamento para fans y frikis de eso? ¿Organizar una exposición en el centro cívico del pueblo?

Da igual lo que le encante, todo está bien.

A veces no prestamos atención a cosas que les encantan y que si nosotros les ayudamos podemos tirar del hilo. Habría que ver qué hay que sí le guste. A veces algo que les gusta se puede convertir en una pasión.

Se trata de ir observando y de ir acompañando. Hacerle sentir que él puede hacer lo que desee. Muchas veces no muestran interés por nada porque sienten que no van a ser capaces de hacer nada. Eso se transmite mucho de forma subliminal y oculta en esta sociedad. Por eso no intentan hacer grandes cosas.

Necesitamos observar mucho más, sin ningún tipo de prejuicio, y a cualquier cosa que a él le pueda gustar poder ayudarle a encontrar un propósito en torno a ello, sabiendo que a lo mejor puede incluso cambiar, no nos gusta siempre lo mismo ni estamos apasionados siempre por lo mismo.

Las claves son observar mucho, hablar mucho, preguntar mucho, e interesarte por cualquier cosa que parece que a él le guste, aunque no parezca que sea su gran pasión.

A veces, cuando estás perdido, si de repente en torno a algo que te gusta tienes con quien compartirlo, eso hace que te auto-motives más. Eso hace que desarrolles más la pasión por algo.

Cuando hay algo que te gusta y de repente descubres que a alguien también le gusta y que podéis hablar de eso, te gusta más, te metes más en ese tema. Tú puedes ser ese alguien con quien tu hijo comparte.

Hay que mirar sin prejuicios, porque a cada uno le puede gustar algo que nosotros no podemos ni imaginar. Nunca sabemos por dónde va a salir. Observa, habla, pregunta, interésate, involúcrate, sin juzgar, sin prejuicios. A partir de ahí podemos ir viendo si de ahí sale algo y si hay posibilidades de desarrollarlo.

¡Ánimo!

Si deseas poder hacer tú también tus preguntas y que te respondamos y ayudemos,  en vivo y en directo en nuestras sesiones online de preguntas y respuestas únete ahora a la PB.

¿Flamenco o espátula?

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Mi hijo Héctor,  años después de dejar el colegio, me contó que recuerda de su paso por la escuela infantil y que le impactaron pero tenía enterradas, situaciones de choque con la injusticia y la cerrazón mental y que ejemplifican perfectamente como el sistema educativo tiende a eliminar la capacidad de pensamiento crítico.

Hector vomitó mucho de los castigos y presiones al año siguiente de dejar el colegio, al ir saliendo los peores daños emocionales fuera (y eso que el nunca tuvo sindrome de Estocolmo), pero todavía le vienen flashes. 

Señala el flamenco, decía la ficha y el dijo que no había flamencos, que eso es una espátula. Carita triste, regaño y amenaza de castigo si insitía,  la conclusión era que mejor estar callado que amenazado con castigos, que no había que preguntar ni mucho menos cuestionar a la maestra que no solo no sabía, sino que no quería aprender.

Si quieres que te ayudemos a manejar estas situaciones, como madre, padre o educador, en nuestro cursos te daremos recursos para acompañar a los niños y para mejorar también como docente. ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long

La violencia invisible en la escuela

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A veces deseo decir cosas que se que a la gente no le gusta oir.
Que, en las escuelas, el maltrato al niño, el maltrato invisible, es habitual por parte del modelo, por el sistema, por la normativa, incluso por algunos docentes y por algunos compañeros, pero que afecta profundamente y a muchos niños.
Que los exámenes no son garantía de conocimiento ni aptitud, ni para evaluar a los niños ni para decidir sobre la capacitación del docente. Que aprender a memorizar y poner por escrito temas no es un objetivo educativo ni una garantía de nada. Que vivimos engañados: ni maestros ni niños deberían prepararse para opositar, sino para aprender y enseñar.
Que escribir y leer y hacer fichas debería prohibirse como objetivo en Infantil, que solo habría que ofrecerlo y que los niños eligieran, que lo que hay que hacer es dejarles jugar y vivir, pero que no es posible garantizar que no se agredan y qe no sufran si las ratios no se reducen drásticamente para atender de verdad las necesidades de los cachorros de humano, que no están hechos para ser educados en grupos grandes.
Tantas cosas que decir que molesta oir a los que deberían exigir que esas cosas cambiaran… en cambio, otros, desean oirlas ya que no se atreven a verbalizarlas.

Pero también estoy convencida de que cada vez son más los maestros y profesionales de la Educación que están cambiando estas cosas. Y eso me llena de esperanza.

Si quieres ser uno de esas personas que cambian el paradigma, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA.

Mireia Long

Orden!!!

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Un conflicto que arrastramos a veces con nuestros hijos o en el aula, con nuestros alumnos, es el tema de la ordenación.

Es un poco rollo conseguir que, después de su uso indiscriminado, todos los juguetes, pinturas, cuentos y demás queden perfectamente ubicados incluso para poder pasar sin tropezar por los espacios.

Es un tema que no debería suponer una pelea porque podemos llegar a un punto de enfado tal que estropee todas las buenas sensaciones que hemos tenido antes, mientras jugábamos con todos esos “trastos”.

Además, según la edad de los niños, no podemos pretender que sean capaces de recoger solos, según qué cosas y a qué horas. A veces el juego termina tarde, porque nos ha convenido a los adultos (por ejemplo) y en ese punto de cansancio va a ser casi imposible conseguirlo sin discutir.

Os voy a contar lo que a mí se me ocurrió, cuando mis hijos eran pequeñitos (2 y 3 años) y que no sólo me funcionó a la perfección sino que a ellos les encantaba.

Compramos unas cajoneras que no pesasen mucho (así también se pueden mover y sirven para construir “guaridas” o cabañas, de materiales naturales, sin tratamientos ni pinturas tóxicas.

Cada día les iba haciendo una foto mientras jugaban a algo determinado, con diferentes juguetes o materiales, a los dos juntos o a cada uno por separado, y esa foto la imprimía, la plastificaba y elegíamos en qué cajón íbamos a meter esos juguetes en concreto. Allí la pegaba.

Así, aparte de facilitarles el buscar las cosas porque sabían en qué cajón estaban, era muy simpático el hecho de recoger porque se veían ellos en la foto.

A veces se peleaban por recoger!!!

Nunca he castigado

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Me preguntaban hoy, asombrados, si era verdad que nunca había castigado a mi hijo. Ya imagináis las respuestas: “eso es que has tenido suerte y no lo has necesitado”, o “ya verás cuando crezca y se te suba a las barbas”. La mejor, sin duda, es la de quien me argumentaba que si no habia castigado nunca no podía defender que un castigo bien puesto a su debido tiempo no servía para nada.

Aclarando:

Primero, no, no he castigado porque no me ha hecho falta castigar, ya que no considero que el castigo tenga utilidad alguna, por lo que si he tenido un conflicto con mi hijo he usado otras estrategias, lo que ha hecho que su comportamiento no se mueva por el miedo al castigo sino por la voluntad y la responsabiliad. No usar la humillación, la amenaza y el autoritarismo permiten una buena comunicación y una relación basada en el respeto y la confianza.

Segundo, mi hijo es ya adolescente y su actitud es colaborativa, se responsabiliza de sus tareas, metas y objetivos, es respetuoso ya que es respetado, argumenta sus opiniones, defiende sus derechos y deseos, y pide disculpas si comete un error que las haga necesarias. Y no tengo barba.

Tercero, dudo mucho que los castigos bien puestos y a su debido tiempo sirvan para algo, pues los niños que son castigados siguen “necesitando” ser castigados y lo único que realmente aprenden es a engañar, temer y rebelarse en cuanto puedan ante la autoridad injusta. Quizá, usados habitualmente, si sirven, pero lo que logran es personas adultas que se mueven por el miedo, por el temor al castigo y que son sumisos ante la autoridad injusta. Puesto que eso no lo quiero para mi hijo la posible utilidad de los castigos la considero perniciosa.

Si quieres aprender a educar sin castigos a tus hijos o alumnos te vamos a ayudar con muchas herramientas prácticas. ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA.

Mireia Long

Cambiando el paradigma con la Pedagogía Blanca

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He estado revisando una encuesta que contestaron más de 300 personas. En la encuesta les invitábamos también a que nos contaran en qué les había ayudado la PB hasta ahora, y ni os imagináis la cantidad de mensajes preciosos que nos dejaron muchas de las personas que contestaron la encuesta.

Leer cada una de las respuestas es la prueba fehaciente de que familia a familia, maestro a maestro, aula a aula, niño a niño, sí se está produciendo un cambio. Sí se está moviendo algo en la educación de este país, y eso es algo para celebrar.

Estoy emocionada. Os dejo una muestra:

“Pongo en práctica toda la información recibida a través de vuestros regalos, ya sea con mi bebé de 8 meses o con mis sobrinas ( de 3, 4 y 8 años) y sobrino ( de 7 años). A pesar del reto que supone “romper” con todo lo aprendido y adquirido durante mi propia infancia, me emociona pensar que poco a poco podemos cambiar la forma generalizada de criar. Con Pedagogía Blanca lo primero que he aprendido es a usar el sentido común en todos los aspectos relacionados con mi bebé, respetándolo y acompañándolo siempre.”

“He formado parte del programa Mujeres Empoderadas y he aprendido muchísimo también con los múltiples regalos que nos mandan cada cierto tiempo por correo. Son unas profesionales extraordinarias que saben rodearse de las mejores expertas y que atraen a otras mujeres excepcionales de las que también aprendes muchísimo.”

“Gracias a la Pedagogía Blanca he podido aprender a respetar a mis hijos con las bases que nos ofrecen y también a entenderlos y darles la libertad y amor que todo ser humano merece. He conectado con mi niña interior que en mi niñez no pudo jugar, etc…”

“Es muy enriquecedor y tranquilizador saber que hay gente como vosotras, que apuesta por una educación respetada y lo más importante, con amor!!!!”

“Desde hace ya más de un año os estoy siguiendo, y me proporcionáis luz en mi día a día con mis hijas. Me siento reconfortada cuando leo vuestros textos, y me ayuda a no sentirme sola en mi forma de pensar y de criar a mis hijas. Gracias por estar ahí.”

“Pedagogía blanca tiene muy claro su propósito, creo que van a llegar muy lejos y nada de gusta más que poder formar parte de este camino que a mi me esta ayudando tanto. Gracias chicas!”

“Supone un cambio de paradigma, una forma de enfocar las cosas que aunque pueda parecer “moderna” realmente es la natural, la que tiene más sentido.”

“A mi personalmente todas las lecturas realizadas en vuestra web me han ayudado para estar más segura en la crianza con mi hijo. Y a RESPETAR sus momentos, verle como persona y no con esos prejuicios que nos venden acerca de los niños.”

“La Pedagogía Blanca te va a dar las alas necesarias para emprender un camino basado en el respeto a la infancia, te va a empoderar y vas a aprovechar todo tu potencial.”

“Podéis estar seguras de que habéis cambiado mi perspectiva de la educación, simplemente nunca me lo había planteado de esta manera, pero las cosas me van mucho mejor y la relación con mis hijos es mucho mas fluida desde que me pongo en su lugar y tomo en cuenta sus opiniones. Antes sentía mucha presión porque todo lo tenia que decidir yo, ahora simplemente les pregunto y les doy a elegir, intento que hagan mas tiempo lo que les gusta e intento acompañarlos en eso, y a menudo son ellos los que vienen a buscarme para contar conmigo o pedirme opinión. Sorprendente.”

“El curso de La Pedagogía Blanca me está ayudando mucho. Ahora tengo más claro que otra educación es posible.”

“La Pedagogía blanca te ayuda a tomar consciencia de la realidad educativa y te anima a ser parte activa del cambio, respetando al ser humano en todas sus facetas.”

“Me encanta la manera de educar de la pedagogía blanca. Y el que te enseñen a educar de manera mas respetuosa.”

“Me ha enseñado que otra forma de educar es posible, donde ambas partes son mas felices y donde el aprendizaje es mas fluido y natural y las dos partes aprendemos.”

“Todo lo relacionado con PB tiene muy buena base y fundamento, es raro que algo de lo que aprendemos con PB pueda caer en saco roto. Gracias por todos vuestros consejos.”

“He participado en las jornada de Pedagogía Blanca de marzo y me he dado cuenta que otra educación es posible y yo quiero apoyar algo a este cambio.”

“Soy psicóloga educativa y sus aportes han acrecentado mi acervo de conocimientos en el desempeño profesional de mi persona. Gracias desde Ecuador.”

“Me ha ayudado a tener herramientas para afrontar el tipo de educación que le estoy dando a mi hijo y que buscaba.”

“Soy psicóloga y ayudo a padres, madres y profesores a cambiar sus estilos educativos , en esa formación he usado materiales vuestros como ejercicios para trabajar un modelo asertivo en educación y para trabajar la comunicación respetuosa.”

“He leído diversos de vuestros e-book, que inmediatamente he incorporado a mi vida tanto profesional, tanto como de madre. Me parecen cosas tan obvias, pero que tan poca gente lleva a la práctica, porque es más fácil seguir haciendo los hábitos que nos enseñaron en esta escuela anacrónica, que es la misma que nos educó a nosotros, a nuestros padres y a nuestros hijos. Cómo puede ser esto así, si está comprobado que este método no nos sirve nada más que para pastorear a los niños, no para hacer niños felices? Me encantan vuestra energía y valor por hacer lo que otras personas no hacemos, pero que deseamos fervientemente: un cambio en la forma de ver la educación y lo mas importante, el respeto a nuestros niños.”

“Por fin una pedagogía real, práctica y apasionante. Como madre una gran ayuda para relativizar muchos aspectos de la vida y saber qué es lo verdaderamente importante. Como profesional una perspectiva apasionante para abrir nuevos horizontes.”

Si quieres tener experiencias como las que nos relatan, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Azucena Caballero

La frustración

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El tema de la frustración es algo que me preocupa desde hace unos años: desde que mi hija cumplió los 13 años y noté un nivel más alto de frustración, propio de la edad, y vi que todo lo que yo sabía sobre ello era poco o equivocado; todos los consejos que nos daban a los padres, todas las teorías reinantes. Me sensibilicé más con el tema y empecé a tomar consciencia de lo que ocurría cuando aparecían estas situaciones, no sólo con mis hijos, sino también con los demás miembros de la familia. Empecé a ser más empática y paciente.

Frustración sentimos desde que nacemos y lo hacemos hasta abandonar este mundo; bien porque no nos atienden, bien porque las cosas no salen como queremos, o simplemente por miedo. Teniendo en cuenta que los niños sienten esta emoción desde bebés y recordando los consejos absurdos de algunos “expertos” que afirman sin tener ninguna prueba que los niños son “pequeños tiranos y nos quieren manipular” cuando lloran y se tiran al suelo en un ataque de frustración, me gustaría apuntar que en estos casos no se trata de “manipulación” (¿hablan en serio? ¿un niño de 2 años sabe tanto de psicología humana y tiene tanta experiencia social como para saber manipular a un adulto?? ¿de dónde han sacado esta conclusión?), sino de sentimientos/sensaciones más básicas, naturales en el ser humano: miedos, frustraciones, necesidades emocionales o físicas, cansancio, hambre, sed…

¿Qué hacer?

Primero, para poder ayudar a nuestros hijos es importante quitarnos de la cabeza los prejuicios reinantes sobre los llantos o enfados de los niños e intentar razonar partiendo de nuestros propios sentimientos y emociones. Todos los tenemos dentro y la lógica nos dice que los bebés o niños también.

Segundo, reconocer la emoción en sí. Parece mentira, pero muchos de los adultos no son capaces de reconocer la frustración como tal y aceptarla como algo humano, por lo tanto algo normal. Nos enojamos con las situaciones que se nos escapan de las manos, con lo que nos molesta, pero no somos conscientes del por qué. Si llegamos a ser conscientes de nuestras emociones ya la mitad del trabajo está hecho.
Un ejemplo de frustración no reconocida: hay padres que se ponen nerviosos cuando oyen bebés llorando (suyos o de otros), pero no son capaces de reconocer por qué. Es fácil, estamos programados genéticamente a ponernos nerviosos al oír el llanto de un bebé para atenderlo y, de esta forma, tranquilizarlo y luego tranquilizarnos nosotros. Para dar más detalles, al oír el llanto de un bebé nuestro cerebro primitivo reconoce la situación como de emergencia o peligro, luego hay una descarga automática de adrenalina en nuestra sangre para darnos energía para huir o resolver la situación de emergencia (la adrenalina es la hormona del miedo y de la acción), y a raíz de esta descarga nosotros accionamos y calmamos el bebé. Por desgracia, nuestra cultura nos impide seguir nuestros impulsos naturales diseñados por la naturaleza y no todos los adultos reaccionamos positivamente cuando se trata de la resolución de la situación. Algunos ni saben lo que les pasa y no saben, por lo tanto, qué hacer. Otros tienen vagancia y no quieren moverse de su sitio. Y otros tienen la idea equivocada que “no debemos atender el llanto de un bebé porque nos quiere manipular”. Ya ahora sabemos que no es así.

Aceptemos nuestro malestar y aceptemos que los niños pueden sentir lo mismo con el agravante que no saben qué es, ni cómo se gestiona. Si nosotros lo reconocemos y lo aceptamos, ellos aprenderán a reconocerlo también a aceptarlo.

Tercero, intentar manejar la frustración y buscar una solución. No controlarla y ahogarla, sino gestionar la emoción y buscar resolver la situación que nos la produce. Si nuestro hijo llora o grita o está enfadado lo mejor es intentar calmarlo primero y luego procurar averiguar qué le ha producido la frustración: ¿tiene hambre, sed, dolor, tristeza? ¿está enfadado porque no le hemos hecho caso antes?  Recordemos que los niños no saben gestionar sus emociones.
Recordemos que los niños no saben gestionar sus emociones son pequeños, son inmaduros, están aprendiendo poco a poco cómo hacerlo viéndonos a nosotros cómo gestionamos estas situaciones. Si les decimos “cállate, niño” no van a aprender a gestionar, sino a ahogar su dolor o a negarlo.

Da igual la edad, desde recién nacidos hasta jóvenes de 18-20 años, todos sienten frustración y muchos están en el proceso de aprender cómo canalizarla; como adultos, nuestro papel es enseñar cómo reconocer, gestionar y solucionar un conflicto interno de este tipo a través de nuestra paciencia y nuestro propio ejemplo.

Si quieres aprender a acompañar a tu hijo y alumno con nosotras, consiguiendo herramientas para comprenderlo mejor, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA.

Sorina Oprean, tutora de la Pedagogía Blanca